¿Vecino o socio? La estrecha relación que comparten México y Estados Unidos, no solo se limita a la frontera, el dinamismo comercial y compañerismo político, la sinergia de ambas naciones promueve una casi “simbiosis” que beneficia a ambos por igual, aunque en tiempos más recientes, o más bien, con el actual gobierno de Donald Trump esto no parece ser así.
El gran socio comercial nació gracias al tratado internacional que mantiene con dicho país y con Canadá desde 1994, el cual brindó grandes beneficios de exportación a los tres integrantes.
Gracias a este acuerdo, México se consolidó como el principal socio comercial de Estados Unidos. Sin embargo, en los últimos meses, las tensiones comerciales han ido en aumento debido a las declaraciones y medidas arancelarias impulsadas por el presidente Donald Trump, destacando el reciente incremento del 25% en los aranceles a los automóviles importados.
Estas acciones generaron una mayor preocupación e incertidumbre en las inversiones internacionales. No obstante, esto no debería ser motivo de alarma, ya que México cuenta con una sólida red de acuerdos comerciales: 14 Tratados de Libre Comercio con 52 países (TLCs), 30 Acuerdos para la Promoción y Protección Recíproca de las Inversiones (APPRIs) con 31 países y 9 acuerdos de alcance limitado (Acuerdos de Complementación Económica y Acuerdos de Alcance Parcial).
Esta muestra deja en claro que México posee un fuerte potencial exportador en sectores clave como el agropecuario, manufacturero, petrolero, extractivo y automotriz, entre otros.
Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en 2024 las exportaciones alcanzaron los 617,099.6 millones de dólares, de los cuales el 84.06% tuvo como destino Estados Unidos, mientras que el 15.94% se dirigió al resto del mundo. Sin embargo, esta distribución podría cambiar.
Las nuevas condiciones impuestas por Estados Unidos marcan un momento crucial para que México explore nuevas oportunidades comerciales y expanda su presencia en otros mercados. En las conferencias matutinas de la presidenta Claudia Sheinbaum, se escucha firme el discurso de que el país tiene el potencial para fortalecer su relación comercial con América del Sur y consolidar alianzas con países como Brasil.
Además, la renovación de tratados y acuerdos con países europeos también es una posibilidad tangible. Por ejemplo, Francia, a través de su ministro de Exteriores, Jean-Noël Barrot, manifestó su interés en que México se convierta en un socio clave ante una posible guerra comercial derivada ante el posible incremento de aranceles a productos de la Unión Europea. Las autoridades francesas declararon que no dudarán en responder a estas medidas proteccionistas impulsadas por Estados Unidos.
Pero para lograr este cambio de rumbo, el gobierno mexicano debe mostrarse receptivo no solo ante socios comerciales de América Latina y Europa, sino también ante el potencial crecimiento del mercado asiático, el cual podría generar un efecto mariposa que beneficiaría significativamente a México.
Aunque en los últimos meses el gobierno mexicano evitó un acercamiento con China para no tensar aún más las relaciones con la administración de Donald Trump, el enfriamiento de los lazos comerciales con el gigante asiático no ha mejorado la relación con Estados Unidos.
Además de que propició que empresas como BYD, el mayor fabricante de automóviles de China, busquen un acuerdo con Perú para instalar su planta automotriz en el país sudamericano y no en Jalisco, como estaba planeando en años pasados, lo que representa una pérdida de empleos importante para México.
Por ello, el gobierno mexicano no puede perder de vista su objetivo de crecimiento y diversificación de exportaciones. Y aunque hoy el panorama comercial parezca turbulento, el país debe enfocarse en ampliar su red de socios sin descuidar los lazos ya establecidos y así ponerle fin al viejo adagio de Nemesio García Naranjo. “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”.